domingo, 1 de abril de 2012

Crítica: Intocable


Intocable: 9(*****)
No importa la edad, no importa el dolor, la soledad, la desesperación, la amargura, el miedo, siempre habrá algo u alguien por lo que merecerá vivir. Un ápice de esperanza que nos hará volar hacia nuestros mayores deseos, hasta nuestros amores más añorados, porque la vida está hecha para vivirla. Siempre habrá circunstancias, problemas, errores que nos harán caer en la insustancialidad de la existencia, pero la vida es la vida, y solo por ella merece la pena luchar. Este es el cometido y el principal mensaje, que transmite y que intenta enseñar este film, a través de una de las mayores amistades que hayan podido surgir, una amistad extraña, inicialmente confusa, pero sobre todo incondicional, principal base de las grandes amistades, y que surgen de la manera menos esperada, y entre personas aparentemente inconexas. Está bien compartir cosas, gustos, impresiones, pero también de las diferencias surgen grandes uniones, y este pequeño vínculo puede ser aplicado como una muestra de necesidad mundial ante las grandes divisiones y guerras que azotan y destrozan el planeta. De la más absoluta diferencia encontrar esa unión que sea cumbre y necesaria en la vida. Bajo esta metáfora esta obra original funciona ágilmente gracias al complejo y espontáneo guión, dirigido con pulso firme por Olivier Nakache y Eric Toledano que consiguen que este tierno relato llego a lo más hondo del espectador, haciendo que ría a carcajas y provocando la lágrima llena de emoción. Ellos dan fuerza con su sólido trabajo y se acompañan de un completo equipo técnico, donde destaca el perfecto montaje, el buen acompañamiento musical y la acertada ambientación. Pero sin duda la labor mayor recae en el buen reparto, todos unen sus esfuerzos para llenar de humanidad la pantalla. Pero hay dos actores que merecen especial reconocimiento y son la increíble pareja protagonista formada por François Cluzet, sincero, solvente e imponente, acompañando a la gran arrolladora fuerza del film, el magnífico Omar Sy que hace suya las escenas, cargando de humor y optimismo cada uno de los retos que afronta, y regalándonos una muestra de humanidad impresionante. Un trabajo memorable complementando con otro muy sólido. Gracias a este film, podemos descubrir que muchas veces lo que parece sencillamente intranscendental puede convertirse en la experiencia más enriquecedora de nuestra vida, por su increíble mensaje cargado de vitalidad.

Lo mejor: OMAR SY, regalando dosis de humanidad junto a François Cluzet.

Lo peor: Su carpa engañosa.