miércoles, 20 de julio de 2016

Crítica: Macbeth

"Hay obras que parecen intocables y otras que se renuevan constantemente a través de diversas revisitaciones a lo largo de la historia. El ejercicio cinematográfico ha posibilitado acudir a la recurrente postura de la adaptación de ciertas obras de un modo consecutivo. Es el caso de la poderosa tragedia de "Macbeth" de William Shakespeare, una historia negra, violenta, retorcida y de interesantes reflexiones y derivaciones. Si atendemos a la historiografía del sector en competencia, rápidamente dos realizadores nos asaltan, ya que Orson Welles y Roman Polansky han firmado las dos películas más sólidas sobre este tenebroso personajes del imaginario shakespereano. Ahora Justin Kurzel, director australiano poco conocido, adapta el relato aportándole su personalidad estilística. Este "Macbeth" tiene una estética muy poderosa, capaz de manejar y expresar con solvencia todas las sensaciones que planean en la tragedia: el dolor y la rabia de sus personajes, fuertemente posibilitada por un extraordinario equipo técnico donde vibra la extraordinaria fotografía y el trabajo de ambientación. Sin embargo, el problema viene cuando esta poderosa fuente de expresiones decorativas no concuerda con la revitalización del discurso, pues estamos ante una adptación vieja, que resulta densa por momentos, y que escasamente sabe sacar provecho al texto más allá de los efectismo visuales. Hubiese sido interesante, teniendo en cuenta la interesante visión de su realizador, plantear ciertas renovaciones en las situaciones, los conflictos, los personajes e incluso en sus diálogos, para que el film resultara más apetecible y menos plomizo. No obstante, hay una rica aportación y que poco interesará a los puritanos de la obra, y es la redefinición del personaje de Lady Macbeth que en su matizada moralidad resulta aún más perversa que en ocasiones anteriores. Su visión, más cinematográfica que teatral advierte una exquisita incorporación al imaginario cinematográfico de esta tragedia. Igualmente, hay que admirar que Marion Cotillard, extraordinaria, consiga alcanzar de forma tan sublime los objetivos planteados a su personaje. Su mirada condensa la expresión del auténtico demonio, sin desmerecer a un Michael Fassbender que defiende con solvencia a este pérdido guerrero. La química entre ellos es abrasadora y posibilita la credibilidad de un relato que cojea por encontrarse lejos de las metas que podría haber alcanzado de acuerdo a sus posibilidades expresivas."
 
Lo mejor: La redefinición de Lady Macbeth en manos de una extraordinaria Marion Cotillard.


 Lo peor: La densidad de la propuesta.



NOTA: 6,5(***)