martes, 7 de octubre de 2014

Crítica: El sueño de Ellis

"James Gray, abogado de un cine capaz de expresar una especial sensibilidad ante las cotidianidades del ser humano, ante el aferrado deseo de este de alcanzar la felicidad o sus vaivenes con el amor, perfila una última pieza que dibuja una historia de amor que se quiere comvertir en un triángulo perfecto para explicar no sólo los conflictos emocionales entre personas diferentes, sino también la epopeya social de una época como forma de sintetizar y desconfigurar la utópica dicotomía en la que seguimos encerrados hoy día. La película indaga en las pérfidas diferencias entre buenos y malos, en el hipócrito discurso emitido por ciertas vertientes extremas y en la lucha entre la razón y el corazón, que a fin de cuentas es lo que define la existencia humana. La torpe ambición de Gray se palpa en cada fotograma de la película, ya que su abusiva postura existencialista le hace naufragar a la hora de construir unos personajes y una historia que se deslizan allá por donde avanzan. Ni los perfiles individuales, ni las relaciones entre ellos llegan a cuajar o funcionar. La psicología emocional de la historia está planteada en términos muy superficiales. También se cae en el error frecuente por muchos cineastas de ser incapaces de cerrar todos los abánicos que abren, pues si el relato se plantea como paradigma de varias vidas, varias emociones, y varias reflexiones morales, este escapa sin piedad de la forma más facilona posible dejando multitud de elementos en el tintero de la duda. En contraste a una historia y unos personajes reducidos al adjetivo de la indiferencia, si es cierto que el trabajo de dirección es exquisito y con él toda la excelente factura técnica que lo acompaña. Todos los elementos técnicos de la cinta están cuidados al detalle, desde la rica ambientación hasta la bellísima música, sin olvidarnos de un excelente juego fotográfico. En el campo interpretativo, si bien los trabajos de Joaquin Phoenix y sobre todo de Jeremy Renner no llegan a funcionar del todo, Marion Cotillard consigue lo sublime. Su trabajo extraordinariamente forjado construye una especie de heroína de una forma realmente exquisita. El eco de la película perdura gracias a ella y a su extraordinaria labor, que pule de forma excelente cada uno de los matices que maneja. Su trabajo brilla con luz propia en una película visual y técnicamente estimable, pero coja en su real cometido."
Lo mejor: Marion Cotillard, absolutamente extraordinaria.

Lo peor: Es excesivamente ambiciosa para lo que al final ofrece.

 

NOTA: 6,5(***)