miércoles, 19 de octubre de 2016

Crítica: Tarde para la ira

"Grande ha sido la espera y altas las expectativas para ver el debut cinematográfico del sólido y mediático actor Raúl Arévalo. Una película sacada adelante con moderados recursos, pero que al fin ha visto la luz tras un proceso complejo y laborioso. El resultado es absolutamente deslumbrante, ya que asistimos no sólo a una firma solvente del género, sino también acudimos a un texto lleno de lecturas, y referencias que enriquecen una cuestión claramente cultural. Tomando a maestros como Sam Peckinpah, pasando por miradas patrias como Saura, Urbizu, Rodríguez...se fragua un ejercicio salido de las entrañas, que modelando personajes secos, de arena y paja, de polvo y arbustos, de rabia y fuerza, se cuenta una historia que viene a desentrañar las miserias de un país absolutamente envuelto en sus contradicciones, y legítimo en su deseo de formular preguntas que atienden a numerosas líneas de definición y respuesta. Arévalo maneja la paleta audiovisual con absoluta destreza, consiguiendo que el calificativo novato se encuentre muy lejos de un discurso complejo y abrumador. La detallista y envolvente atmósfera de la cinta se convierte en decisiva para guiar un trayecto que conciencia y al mismo tiempo revuelve por su cadena atroz de cometidos sanguinaríos. La cuidada ambientación, el extraordinario ejercicio de fotografía, o el laborioso montaje, confirman el admirable talento de un equipo, capaz de gestionar unos recursos que no abundan en exceso. El compendio se confirma en la austera y tosca mirada de unos protagonistas repletos de durezas, firmemente defendidos por unos actores con garra. Desde un trío protagonista que brilla con clara destreza (Antonio de la Torre, Luis Callejo y Ruth Díaz), hasta unos secundarios de lujo, Raúl Jiménez, Manolo Solo (Este último logra, en apenas una secuencia, un trabajo extraordinario capaz de condensar en muy poco tiempo grandes aspiraciones). Ellos son la carne, la sangre, la pólvora, el dolor, y la rabia de una película con empaque, de conseguida atmósfera, y que unida a una tendencia clara en nuestro cine, vertebra un ejercicio de absoluta personalidad, firmando así una de las óperas primas más sólidas de los últimos años."
 
Lo mejor: La conseguida atmósfera y su amplio abanico de lecturas.


Lo peor: Quedarse en la superficie del género.




NOTA: 8,5(****)