jueves, 7 de noviembre de 2013

Crítica: Una cuestión de tiempo

"En forma de comedia con peculiaridades llega la cinta "buenrollista" del año, esa película que tanto gusta al público, y que la crítica en su amplia mayoría acoge con agrado, pero que nunca transcenderá más allá de esa temporada cinematográfica. Richard Curtis, de especial habilidad para este género, sigue demostrando una gran afición al desarrollo de un tipo de cine amable, optimista, con ciertos tintes inteligentes, que permite llegar tanto a público como a crítica, y se mantiene en un rincón tranquilo el resto de su vida. "Una cuestión de tiempo", por desgracia, aunque en cierta manera pareciera más por ese premio recibido en el pasado Festival de San Sebastián, sigue la tónica de este tipo de cine. Con un buen arranque, y una primera parte realmente notable, gracias a las habilidades de un guion con destrezas para diseñar de forma atípica personajes entrañables y por rediseñar lo tópico conviertiéndolo en algo original, la película se deshace a partir de la mitad, cayendo en la repetición, la sensiblería, rozando incluso lo rídiculo en algunos aspectos. Es increíble el desequilibrio que puede sufrir una cinta cuando no sabe repartir sus buenas ideas a lo largo de la trama, como le ocurre a esta película, la cual hubiese funcionado mucho mejor con menos metraje. Independientemente de esta descompensada tendencia en el film, ya desde el primer momento se advierten ciertas carencias, como la incredulidad y la falta de conciencia y realismo de la relación de pareja entre los dos protagonistas, contrapuesta a una conseguida relación entre padre e hijo, así como cierta tendencia a la sobreactuación de los sentimientos, entre otras carencias narrativas. Aún así, la energía, el optimismo, el clímax, y sobre todo esa enérgica primera parte merecen que la película no sea despreciada del todo y se pueda entender como un respiro ilusorio del estrés de la vida cotidiana. Técnicamente funciona bien, acertada selección musical, muy buena fotografía, interesante montaje, así como a nivel interpretativo merece un reconocimiento por la armonía del conjunto, desterrando en cierta manera la excesividad de Bill Nighy, que ya venía dada por su personaje. La fuerza del conjunto aporta credibilidad y dinamismo a una nueva comedia romántica-ñoña e irreal, pero guíada por un enérgico optimismo que te permite reconocerla como una obra aceptable."
 
Lo mejor: Su radiante optimismo y el trabajo coral de un notable reparto.

Lo peor: Su destructora e insuficiente segunda parte.

 

NOTA: 5,5(***)