miércoles, 13 de noviembre de 2013

Crítica: La caza

"Parece que el mal y todo lo que lo rodea está determinado por unos principios intocables marcados por una sociedad que muchas veces viaja en el rumbo de la confusión, pero realmente la numerosas vertientes de lo maligno rozan nuestra cotidianidad, y nunca sabes la forma que pueden adoptar. Este planteamiento muy cercano a la filosofía de Hannah Arendt plantea la nueva cinta de uno de los realizadores más aclamadas del cine europeo, el danés Thomas Vinterberg. Bajo un excelente guion, de extraordinaria eficacia narrativa, la película plantea un debate tanto en su transcurso, como con respecto a su sorprendente giro final. Tenemos el privilegio de asistir a este homicidio social, sabiendo con certeza la verdad y pudiendo juzgar la realidad que se desarrolla, pero también debemos hacer el ejercicio de posicionarnos de ambas partes para comprender un poco mejor la dimensión moral que plantea la cinta y hasta que punto estamos corrompidos por la maldad de una manera demasiado cotidiana. Es admirable la acitud y la valentía de Lucas en todo momento, mostrándose decidido, pero manteniendo las formas y la cordura y finalmente en un acto entre estúpido y admirable, perdonando a los que habían destrozado su vida. Una pequeña mentira, manipulada por las convicciones de la sociedad y bajo la duda de la moralidad, se convierte en el motor de una atroz actitud de maldad hacia un hombre completamente inocente, que llora sin molestar a los suyos. Lucas es de esos héroes silenciosos del día a día que nos ayudan a creer en la bondad de la gente, frente a la maldad que nos rodea. La película plantea la decadencia moral de una sociedad en crisis, y su protagonista se convierte en esa esperanza optimista de que el bien permanece constante entre tanta suciedad. La habilidad de la cinta de afrontar este complicado tema, la verdad de sus personajes y la fuerza de sus diálogos, la convierten en una película realmente admirable. Quizás el film pedía más garra, más ferocidad, y quizás ese final nos deja noqueados, por su optimismo, en cierta manera necesario. Estos pequeños detalles le impiden a la película brillar como se esperaba. Pero, Vinterberg reduce el riesgo para conseguir que el espectador respire y no pierda su confianza en la humanidad, intenciones que juegan en su contra. Con ello, no podemos dejar de admirar una muy notable obra, bien dirigida, escrita, de gran solvencia técnica y excelentemente interpretada, especialmente por ese maestro del cine europeo llamado Mads Mikkelsen que ofrece una interpretación realmente sobrecogedora. Su trabajo alcanza dimensiones épicas, no solo por su credibilidad, sino también por un arrojo emocional que alcanza las emociones del espectador como si fuera fuego. Un excelente actor en la piel de la representación de una moral honesta frente a la perversión de una sociedad que hipócritamente predica caridad. Una obra que merece ser analizada y reflexionada, pues su discurso y su mensaje nos ayudarían a entender muchas de las claves que tanto enferman nuestra vida."
 
Lo mejor: Mads Mikkelsen, absolutamente soberbio.

Lo peor: Le falta garra y ferocidad para poder brillar.


 
NOTA: 8,5(****)