miércoles, 2 de abril de 2014

XXXIX Premios César 2014. Críticas:

Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!:
"Partiendo de su obra teatral, Guillaume Gallienne la lleva a la gran pantalla en la que supone su primera película como realizador, en una especie de monólogo a camino entre la realidad y la ficción, entre la verosimilitud y la recreación con tintes surrealistas. Construye una vibrante epopeya que a través del humor, que mejora conforme la película avanza, transmite un profundo mensaje acerca de la identidad sexual. Un juicio acerca de los cánones identitarios que la sociedad ha impuesto, ríendose descaradamente de ellos, dándoles la vuelta y planteándonos la cuestión acerca de como las etiquetas dificultan el transcurso de la existencia en ese intento blasfemo de simplificarla. Y en medio de tanta sátira un grito de amor a las madres, una alabanza sobre la importancia de su amor en la vida. Gallienne construye una película que está a medio caballo entre lo correcto y lo incorrecto, y quizás este discurso entre ambas vertientes es la mayor traba del film. Pues a veces está repleta de ingenio, de profundidad, de fuerza y otras veces da la sensación de moverse excesivamente entre los tópicos, los gags manidos, los estereotipados juegos cómicos. Le cuesta ubicarse al principio, donde se mueve en una arena movediza de clichés absolutos que parecen que la van a hundir, pero de repente el mejor de los giros la elevan, continuando con un aplomo envidiable y convirtiéndose en una de las comedias más apetecibles del año. Técnicamente funciona bien, especialmente gracias a un trabajado montaje, aunque lo que realmente da forma significativamente a esta labor tan cómicamente refinada es un buen reparto liderado por un Gallienne, soberbio, entregado en cuerpo y alma al texto, al personaje y al profundo mensaje que intenta transmitir a través de este curioso viaje autobiográfico."

Lo mejor: El profundo e interesante mensaje que guarda la película.

Lo peor: Ciertos clichés y gags repetitivos.

NOTA: 7,5(****)


Joven y bonita:
Si algo caracteriza al realizador galo François Ozon es su enorme sensibilidad para abordar historias, para construir personajes, y para darles forma con una elegancia estimable en la gran pantalla. Tras conseguir brillar con su cinta "En la casa", vuelve con una película más pequeña, pero no pequeña en cuanto a calidad se refiere, sino pequeña en cuanto al retrato que se aborda. Una historia mucho más intimista, más tabú, más oculta, más fría, e incluso más curiosa que su antecesora. El placer de la prostitución resultaría una simplificación para denominar la línea dominante de la película, pero tampoco resultaría excesivamente alejada de lo que acontece en el film. Las inquietudes de esta adolescente en busca de su madurez dan forma a un retrato que de lo pudoroso, lo moral y socialmente mal visto obtiene belleza, refinura, elegancia, atracción, y así una larga lista de calificativos que dan la vuelta a una serie de cuestiones injustamente tachadas a lo largo de la vida en la sociedad occidental, que tanto presume de forma hipócrita de tener una vertiente muy liberal. Ozon coge todos los ingredientes claves para fundirse con elegancia en las silenciosas actuaciones de su personaje protagonista que nunca pierde ese aura de misterio, esa entereza hasta el final. Si la cinta arranca con silenciosa atracción, su evolución se desarrolla con valentía y finaliza de una forma sublime. La belleza de sus instantes finales, acordes con el resto del metraje, se graba en la retina y ahí permanece días después de visionar la película. Esta sublimación, este refinado encantamiento de lo tabú se lo debemos a un Ozon que brilla como guionista. Su sensibilidad, su admirable pulso para dibujar personajes, relaciones entre ellos e historias alcanza aquí cotas muy altas. Labor de escritura que se une a un perfecto ejercicio de dirección que sin recurrir a grandes logros técnicos sabe hacer brillar cada plano, cada secuencia. Como colofón final no podemos dejar de alabar un reparto extraordinario, destacar la breve, pero significativa y especial intervención de Charlotte Rampling, pero sobre todo el gran descubrimiento del film. Esa mirada, esa belleza, esa entereza, esa refinura, esa decisión, y esa entrega contenida provocan una severa admiración hacia la excelente labor de Marine Vacth que nada más que con su presencia corta el aire, y provoca suspiros. Su belleza es inusual, pero su talento para explotarla también. Ella es el ingrediente clave y esencial de esta jugosa fábula que puede ser clasificada de esteticista, de simplista, por su cubierta tan refinada, pero que realmente no lo es, pues bajo esa coraza esconde un profundo y concienciador mensaje social sobre nuestros propios límites y los de los demás."

Lo mejor: La belleza y presencia de Marine Vacth.

Lo peor: Que se vea como un ejercicio vacuo, cuando no lo es para nada.

NOTA: 9(*****)