miércoles, 25 de marzo de 2015

Crítica: La señorita Julia

"August Strindberg dramaturgo y escritor, maestro de maestros en el arte del teatro y la literatura, y rompedor de las convenciones socioculturales de una época tristemente deprimida en su ocaso, compone una de las grandes joyas de la dramaturgia universal. Una pieza sin precedentes, compleja y completamente rupturista. Se trata de "La señorita Julia", capaz en su rico lenguaje de desmontar todas las estructuras firmemente asentadas durante décadas, y de explotar todas las pasiones humanas en su búsqueda de la verdad. Esta maravilla ha sido llevada al teatro y al cine en numerosas ocasiones. No obstante, llegaba el momento de otra maestra, Liv Ullmann. Ella prometía en su madurez artística ofrecer un ejercicio intenso y rompedor sobre lo que décadas atrás escribiera el gran dramaturgo sueco. Al penetrar en la composición cinematográfica de esta virtuosa actriz y directora uno advierte su consolidación en el campo del cine: su concisión visual es admirable, la belleza pictórica de las imágenes( especialmente ese final apoteósico) se antoja deslumbrante y el ensamblaje conjunto de todos los elementos expresivos se advierte muy notable. Sin embargo, Liv Ullmann, presumiblemente gran admiradora de Strindberg, ha querido ser tan fiel a la obra original, que despojada de barroquismos, indaga de forma detallista sobre el texto, dejando que las palabras invadan el campo de la cinematografía, compendiando de esta manera una muestra excesivamente teatral. No hay innovación, ni deseo de alcanzarla. La película se ancla al deseo de ofrecer una teatralización muy historicista, pero siempre fiel a la obra original. Tan sumamente fiel que la película se antoja excesivamente densa en la pantalla. De vez en cuando, la trama exige un respiro, pues aunque admiremos los indudables logros de su realizadora, también le achacamos que sobre una obra tan sumamente jugosa no haya ejercicio una postura mucho más rompedora, capaz de explotarla cinematográficamente. Ullman decide apostar por dirigir un teatro encuadrado, y sobre él mostrar sus particulares cualidades plásticas. Mención especial merece la composición técnica de la cinta, que aunque minimalista, resulta admirable. Desde la bellísima paleta fotográfica, pasando por el despojado juego de ambientación y culminando con los acertados usos musicales de Schubert, Bach y Arensky. Todo está construido para sustentar las necesidades simbólicas de un manifesto tan complejo. Pero sin duda, la mayor riqueza de la película reside en el excelente trío protagonista, tan bien remarcado por la pieza musical de Schubert. Samantha Morton mucho más contenida que sus compañeros aporta entereza a su aparentemente silente composición, Colin Farrell cercano por momentos a la sobreactuación firma un ejercicio explosivo y definitorio en su carrera, pero sin embargo la baza en este ámbito y de forma decisiva para la expresión visual y sonora del film se encuentra en esa maravilla de la interpretación llamada Jessica Chastain. Su desgarro, su despojo y su locura nos estremecen desde el primer al último minuto. Su trabajo es tan arriesgado y consigue librar esa afrenta de forma tan soberbia que uno no puede más que elogiar una muestra tan sublime de este personaje. Chastain reafirma su valía y se confirma capaz de romper todas las barreras a su paso con uno de los ejercicios más admirables de su carrera y en general del cine reciente. Su trabajo aporta la garra y la viveza que el denso ejercicio de Ullmann a veces exige en sus formas y contenido."
 
Lo mejor: Una deslumbrante y desgarradora Jessica Chastain.



Lo peor: La densidad de la película.



NOTA: 7(****)